Los flashmobs callejeros han dejado de ser algo extraordinario. Ya son pocos los testigos ocasionales de estos eventos masivos que giran la cabeza con sorpresa, tratando de entender qué está pasando. Ahora, el lugar y la hora de los flashmobs se pueden conocer de antemano. Y cada vez se organizan más, no por diversión, sino para llamar la atención sobre un problema social importante, rendir homenaje a un músico legendario o ayudar a promocionar un éxito de taquilla.