Te contamos las cuatro etapas por las que pasa quien frecuenta un club de karaoke: cómo se manifiestan y qué hacer con ellas. Desde la primera vez en el escenario hasta el «oye tú, yo aquí ya cantaba a Frank Sinatra cuando tú todavía ibas en pañales».
Primera etapa: No voy a cantar
Absolutamente todos pasan por la primera etapa. El miedo escénico, la timidez y el temor a hacer el ridículo provocan un fuerte estrés en los principiantes durante su primera visita a un club de karaoke. Tiemblan las rodillas, tiembla la voz y el micrófono, de repente resbaladizo, no para de querer escaparse de las manos.
¿Qué hacer?
Relájate. Aunque tu interpretación sea realmente horrible, está lejos de ser la primera de la noche y tampoco será la última. Un club de karaoke es el lugar más tolerante y acogedor del mundo. A la mayoría de los clientes, en realidad, no les importa cómo cantas ni qué aspecto tienes. Fíjate bien: comen, beben, se ríen, se pasan el salero y le piden el catálogo a la camarera. La gente ha venido a divertirse, no a poner notas a los que actúan. Así que olvídate de ellos y disfruta de tu actuación. Pídele a un amigo con más experiencia en karaoke que cante contigo a dúo. De dos en dos da menos miedo.
Segunda etapa: Cantaré, pero no a Ed Sheeran
Con un poco de experiencia, al cantante novato le surge cierta exigencia elitista con el repertorio. Normalmente se traduce en un largo repaso del catálogo y en un diálogo con el técnico de sonido más o menos así:
—¿Tienen «I Will Always Love You» en la versión original de Dolly Parton y no la de Whitney Houston? ¿No? Pues lo siento, eso no lo canto. ¿Y algo de los primeros discos de Tom Waits? ¿Cómo que no? ¿Seguro que esto es un club de karaoke y no una discoteca para adolescentes?
¿Qué hacer?
Comprender y perdonar. Los clubes de karaoke se orientan al público más amplio y a sus peticiones más populares. Puede que tu artista de jazz favorito no esté ni siquiera en la mayor base de canciones, la de Studio Evolution, que cuenta con más de 100.000 temas. Pero siempre puedes ponerte en contacto con los asesores de la empresa y proponer que incluyan tu tema favorito en el catálogo.
Tercera etapa: ¿Qué Sheeran ni qué ocho cuartos?
La tercera etapa es la más peligrosa. Te parece que Elvis Presley está sobrevalorado, que Robbie Williams desafina a ojos vista y que Tina Turner no tiene ni idea de cómo se canta bien GoldenEye. Y al bajar del escenario del club de karaoke tras una actuación triunfal, no logras entender dónde demonios se ha metido ese maldito productor.
¿Qué hacer?
Tranquilízate. Aunque hayas conseguido puntuaciones altas en el karaoke y hayas aprendido a alcanzar las notas agudas de maravilla, eso no basta para la fama mundial. El reconocimiento no llega de inmediato ni porque sí. Sigue cantando, aprende técnica escénica, trabaja tu imagen y no olvides compartir las grabaciones de tus actuaciones en redes sociales. Céntrate en tu personalidad y en tu estilo único, y seguro que te acabarán descubriendo.
Cuarta etapa: Dos éxitos más de Sheeran y lo dejo
A veces es importante parar a tiempo para no acabar en la lista negra del club de karaoke. No es que al local no le convenga que cantes el mayor número posible de canciones en una noche, pero si molestas a otros clientes, te acompañarán a la salida muy rápido. Los gritos malsonantes, los insultos y colarse en la fila del micrófono difícilmente le gustarán a nadie.
¿Qué hacer?
Divertirte y dejar que los demás se diviertan. Un club de karaoke es territorio de emociones positivas: para eso se creó y a por ellas vienen los clientes cada noche. Y para todos tus caprichos, está la sala VIP.